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Afiches : Paredes con historia, 1975 - 1990
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La muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, abrió el camino hacia un sistema democrático homologable al de Europa occidental. Su testamento político fue ampliamente transmitido por los medios de comunicación, aunque el rumbo político de la transición no tuvo nada que ver por lo previsto por Franco antes de su muerte.

En marzo de 1977 el PNV realizó su primera Asamblea Nacional tras la dictadura. En ella actualizó su ideología, estableció como objetivo político lograr un 'Estado vasco autonómico' y se definió como partido democrático, aconfesional y de todos los vascos, inmigrantes incluidos. Estos cambios también tuvieron reflejo en el relevo generacional de sus dirigentes.

El monte navarro de Montejurra, próximo a Estella, tuvo un valor simbólico especial para los carlistas en las dos guerras del siglo XIX frente a los liberales. Continuando una tradición iniciada durante el franquismo, el reconstituido Partido Carlista hizo de él su feudo para sus reuniones anuales todos los primeros domingos de mayo.

El Partido Comunista de Euskadi había nacido en 1935 como parte del Partido Comunista de España, en el que algunos vascos (como Dolores Ibárruri, Leandro Carro, Facundo Perezagua o Vicente Uribe) tuvieron un papel destacado en sus distintas etapas. En la transición sufrió varias divisiones, integrándose en 1986 en la coalición Izquierda Unida-Ezker Batua.

Fuerza Nueva fue inicialmente una editorial creada por el antiguo procurador de las Cortes franquistas Blas Piñar. En 1976 se transformó en partido político, representando a la extrema derecha española, aunque en el País Vasco tuvo escasa implantación. En 1982 el propio Blas Piñar fue elegido diputado. A mediados de los años ochenta cambió de nombre, pasando a llamarse Frente Nacional y disolviéndose poco después.

Tras la muerte del dictador, se hizo necesaria la cooperación entre los sectores reformistas del franquismo y la oposición democrática. Ni el Gobierno tenía fuerza para imponer una reforma de mínimos ni la oposición podía forzar una ruptura. La situación desembocó en una Constitución negociada por la mayoría de los partidos políticos, que no fue apoyada ni por el PNV ni por la izquierda abertzale.

La ley del divorcio empezó a debatirse en las Cortes en junio de 1980, tras la aprobación de la Constitución. Las divergencias entre los diversos sectores de la UCD hicieron que su aprobación no fuera efectiva hasta junio de 1981. Los problemas internos y la falta de una estructura consolidada provocaron más tarde el desmembramiento del partido gobernante.

La situación de los refugiados vascos en los primeros años de la transición fue especialmente convulsa, a causa de la aparición de grupos de extrema derecha y parapoliciales (ATE, Triple A y más tarde los GAL), que empezaron a actuar en suelo francés. En los primeros años de la transición el Gobierno francés no aceptó las peticiones de extradición solicitadas por España, al no considerarla todavía una democracia plena.

Los partidos políticos que no tenían acceso a los medios oficiales buscaban soportes alternativos para comunicarse con sus simpatizantes. Las revistas y periódicos de partidos y sindicatos se mezclan con fanzines y panfletos de los distintos colectivos sociales.

A lo largo de su trayectoria, HB mantuvo una línea similar. De acuerdo con sus formulaciones iniciales, polarizó su actividad política en torno al rechazo de la legalidad estatutaria, la solidaridad con los presos de ETA, la lucha por el euskara o los intentos de cobertura de la represión sobre ETA.

Las campañas de EMK-LKI destacaron por su originalidad y por un cuidado diseño, que las hacía diferentes a las del resto de las organizaciones políticas. Entre sus carteles se encuentran algunos de los más conocidos de la transición y la democracia en Euskadi. Desde su unificación en Zutik, esta originalidad fue desapareciendo de manera progresiva.

La situación de finales de los ochenta, salpicada de escándalos y denuncias de corrupción, generó un desencanto y sospecha hacia sectores políticos que copaban el poder. Esto se reflejó en la cada vez más abultada abstención en las elecciones, que contrastaba con el entusiasmo con que se había acogido la transición.

En 1972 nacía el grupo 'El Cubri', integrado por los dibujantes Saturno Alonso y Pedro Arjona, y por el guionista Felipe Hernández Cava. Fueron autores de gran cantidad de imágenes para portadas de libros o para carteles, mezclando reivindicación, denuncia y capacidad artística.

Euskadiko Ezkerra recurrió durante una temporada a la recuperación de imágenes históricas para trasladar referencias del pasado al presente. Así, fotografías de la guerra civil o de la primera industrialización vasca sirvieron para atraer la atención de un público para el que esa fórmula resultaba ciertamente novedosa.

La CNT reafirmó tras su vuelta a la legalidad la tradición antipolítica del anarcosindicalismo español, y lo hizo sobre todo aplicándola a su rechazo a las elecciones sindicales. Estableciendo un parangón entre los procesos electorales políticos y los producidos en el marco de la empresa, la CNT rechazó unos y otros con un similar eslogan que denunciaba la pérdida de capacidad del ciudadano o del trabajador una vez que éste se decide a votar.

Las Comisiones Obreras surgieron en las minas asturianas en 1958 y se extendieron por todo el país como fórmula espontánea de organización de los trabajadores bajo el franquismo. En 1964 celebraron en Barcelona su reunión fundacional, pero fueron ilegalizadas por la dictadura tres años después. En Euskadi fueron impulsadas también por sectores cristianos y comunistas. A partir de la libertad sindical se consolidaron como uno de los dos grandes sindicatos.

La década de los ochenta resultó especialmente difícil en toda la Margen Izquierda de la ría del Nervión. El paro, la desindustrialización y la reconversión de sectores hizo estragos entre la población. El futuro era gris, gris como el acero.

La prensa obrera -en este caso, un cartel de los periódicos trotskistas- gozó de importante difusión en los primeros años de la transición y en el momento final del franquismo. La dimensión militante alcanzaba desde la confección hasta la difusión de estos medios.

La campaña contra la permanencia en la OTAN sirvió para que la izquierda revitalizara un discurso antibelicista, anticapitalista y también contrario a la potencia norteamericana. Su derrota en el plebiscito de 1986 supuso un antes y un después en su trayectoria. De alguna manera, para esa izquierda no gubernamental, el proceso de la transición terminó en ese instante.

La cartelística del EMK (Movimiento Comunista de Euskadi) fue de las más destacadas y de las que marcaron una referencia por el impacto e imaginación de sus composiciones y mensajes. Durante años se dejó notar en los carteles de ese partido y en diferentes campañas unitarias la labor creativa de uno de sus diseñadores, Álvaro Gurrea.

Una parte del feminismo ligó el proceso de liberación de la mujer a otro paralelo de transformación de la realidad social. Esa afirmación está en la base de la división posterior del movimiento, entre quienes optaban por una militancia feminista específica y quienes vinculaban esa acción a la centralidad del cambio social en su conjunto.

La trayectoria de Hala Bedi no ha sido fácil. Su apuesta crítica le puso en el punto de mira de las autoridades, que llegaron a clausurar sus locales y a requisar sus equipos hasta en cinco ocasiones. Pero también ha chocado con la estrategia de grupos que quisieron -como se expresa en esta denuncia contra HB- limitar su pluralidad y someterla a sus dictados.

El movimiento de oposición a la construcción del refugio militar de Belagua fue uno de los primeros en recurrir masivamente a la imagen en cartel o mediante pegatinas para difundir su causa. La construcción del cuartel dio lugar a una viva polémica, aunque en 1982 acabó por hacerse realidad en un lugar privilegiado del navarro valle del Roncal.

El sol sonriente nació hace ahora un cuarto de siglo. Su creadora, la ecologista danesa Anne Lund, lo diseño como símbolo del grupo antinuclear de su ciudad. Pronto se convertiría en el símbolo internacional contra la energía atómica, y su 'Nucleares? No gracias' se traduciría a más de cuarenta idiomas.

La izquierda parlamentaria presionó para la aprobación de una consulta que reflejara la voluntad de la sociedad vasca respecto al proyecto de Lemoiz. Pero desde los comités populares se apostó por su supresión inmediata, de manera que su consigna pasó del 'Lemoiz gelditu' al 'Lemoiz apurtu'.